A lo largo de este proceso hemos hablado de cómo los pensamientos generan energía y las emociones generan magnetismo.
Pero hay una pregunta aún más importante que muchas veces pasa desapercibida:
¿Desde qué nivel estás viviendo todo eso?
Porque no todos los pensamientos tienen el mismo impacto. No todas las emociones generan el mismo resultado. Y, sobre todo, no todos los estados internos crean la misma realidad.
La escala de consciencia
El psiquiatra David R. Hawkins desarrolló lo que se conoce como la escala de conciencia, un modelo que intenta medir los distintos niveles energéticos en los que puede operar una persona.
Según este enfoque, cada emoción y cada estado mental tiene una frecuencia determinada que influye directamente en cómo percibimos la vida y cómo actuamos en ella.
No se trata de algo abstracto o espiritual sin base. Tiene una relación directa con cómo funciona el cerebro, el sistema nervioso y la química interna del cuerpo.
Cómo influyen los niveles de conciencia en tu día a día
Si observas tu propia experiencia, verás que hay días en los que todo parece más fácil. Tomas decisiones con claridad, te relacionas mejor y tienes más energía. Y otros días en los que, sin una razón aparente, todo se vuelve más pesado.
La diferencia no suele estar fuera. Está en el estado desde el que estás viviendo.
Cuando una persona se encuentra en estados como la culpa, el miedo constante, la apatía o la frustración, su nivel energético es bajo. Esto no es solo una forma de hablar. A nivel fisiológico, estos estados están asociados a mayor activación del estrés, liberación de cortisol y una menor capacidad de enfoque y toma de decisiones.
En estos niveles, la mente tiende a interpretar la realidad de forma más negativa, a anticipar problemas y a reaccionar de manera automática.
Por eso, muchas veces no es que las cosas “vayan mal”, sino que el estado interno desde el que se viven limita la capacidad de respuesta.
Qué ocurre cuando elevas tu estado interno
El contraste aparece cuando la persona empieza a moverse hacia estados como la aceptación, la responsabilidad, la confianza o la calma. En estos niveles, la energía es más estable y el sistema nervioso funciona de manera más regulada.
Esto tiene consecuencias directas.
La mente se vuelve más clara.
Las decisiones son más coherentes.
Las relaciones fluyen mejor.
Y, en consecuencia, los resultados también cambian. No porque la vida se vuelva perfecta, sino porque la forma de interpretarla y gestionarla es distinta.
Estados como el entusiasmo, la gratitud o la empatía no solo son agradables desde el punto de vista emocional. Están asociados a una mayor liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que facilitan la motivación, el bienestar y la estabilidad interna.
La relación entre pensamiento, emoción y frecuencia
Uno de los puntos más interesantes de este enfoque es entender que el pensamiento y la emoción no funcionan por separado.
El pensamiento genera una señal eléctrica en el cerebro.
La emoción genera una respuesta química y magnética en el cuerpo.
Cuando ambos se combinan, crean un campo que influye en cómo percibes y respondes a tu entorno. Por eso, no es suficiente con intentar “pensar mejor” si el estado emocional no acompaña. Y tampoco es suficiente con buscar sentirte bien si tus pensamientos siguen reforzando patrones negativos.
La coherencia entre ambos es lo que determina tu nivel de conciencia.
Puedes entrenar tu estado, no es algo fijo
Uno de los errores más comunes es pensar que estos estados son permanentes o dependen únicamente de las circunstancias externas.
No es así.
El estado interno se entrena.
Y se entrena a través de cosas más simples de lo que parecen:
La calidad de tus pensamientos.
Las emociones que refuerzas.
El tipo de estímulos que consumes (música, contenido, conversaciones).
Incluso aspectos como las frecuencias sonoras pueden influir en tu estado mental. Existen patrones como las ondas alfa, beta o theta que están relacionados con distintos niveles de actividad cerebral, y que pueden facilitar estados de mayor calma o enfoque.
Del mismo modo, una canción o un entorno negativo pueden reforzar estados de baja energía si se mantienen de forma constante.
Conciencia: el punto donde todo empieza a cambiar
El objetivo no es estar siempre en estados elevados. Eso no es realista ni necesario. El cambio empieza en algo mucho más sencillo: darte cuenta.
Darte cuenta de cómo estás pensando.
De cómo te estás sintiendo.
Y de cómo eso está influyendo en tu forma de actuar.
Porque en el momento en el que lo ves, aparece una posibilidad que antes no estaba: la elección. Puedes seguir reaccionando igual. O puedes empezar a ajustar tu estado poco a poco.
Reflexión final
Tu nivel de conciencia no es algo que “tienes”. Es algo desde lo que estás viviendo cada día. Y ese nivel se construye a partir de lo que piensas, de lo que sientes y de lo que decides reforzar de forma constante.
La pregunta no es si puedes cambiar tu realidad.
La pregunta es si estás dispuesto a empezar a observar desde qué nivel la estás creando.
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Gracias por estar aquí.
Por darte este momento… para parar, para observar, y para tomar conciencia de lo que está pasando dentro de ti.
Porque ahí es donde empieza todo.
No fuera.
No en lo que ocurre.
Sino en cómo piensas, cómo sientes, y cómo eliges responder a ello.
Nos vemos en la siguiente reflexión.
Álex García
Mentor
© Coaching con Alex García.
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